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Sumamente hormiga, Wong acabó por descubrir en la biblioteca de Morelli un ejemplar dedicado a Die Vervirrungen des Zöglings Törless, de Musil, con el siguiente pasaje enérgicamente subrayado:

­¿Cuáles son las cosas que me parecen extrañas? Las más triviales. Sobre todo, los objetos inanimados. ­¿Qué es lo que parece extraño en ellos? Algo que no conozco. ­¡Pero es justamente eso! ­¿De dónde diablos saco esa noción de “algo”? Siento que está ahí­, que existe. Produce en mí­ un efecto, como si tratara de hablar. Me exaspero, como quien se esfuerza por leer en los labios torcidos de un paralí­tico, sin conseguirlo. Es como si tuviera un sentido adicional, uno más que los otros, pero que no se ha desarrollado del todo, un sentido que está ahí­ y se hace notar, pero que no funciona. Para mí­ el mundo está lleno de voces silenciosas. ­¿Significa eso que soy un vidente, o que tengo alucinaciones?

Ronald encontró esta cita de La carta de Lord Chandos, de Hofmannsthal:

Así­ como habí­a visto cierto dí­a con un vidrio de aumento la piel de mi dedo meñique, semejante a una llanura con surcos y hondonadas, así­ veí­a ahora a los hombres y sus acciones. Ya no conseguí­a percibirlos con la mirada simplificadora de la costumbre. Todo se descomponí­a en fragmentos que se fragmentaban a su vez; nada conseguí­a captar por medio de una noción definida.

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[Este capí­tulo fue enviado por Sol Nöllmann]